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¿Nacemos las mujeres ​teníendole miedo a un ​balón de fútbol?

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By Claudinha

Line stroke illustration
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Desde la parte trasera del cuarto piso del apartamento en el que ​vivo, puedo observar un panorama diverso.


Hacia el frente, un abismo lleno de árboles, de naturaleza y unas ​casas dispersas e improvisadas que aparentan ser manchas ​blancas. A la derecha, más casas y la carretera principal del ​barrio más o menos a unos 300 metros. Y a la izquierda, la zona ​deportiva del conjunto de apartamentos construidos hace dos ​años en el barrio. El espacio de ese conjunto más cercano a mi ​vista es la cancha múltiple.


Empty Basketball Court Scene
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Cierto día estaba en un momento de reflexión asomada en ese ​balcón trasero, cuando de pronto, mi atención se desvió hacia ​aquella cancha. Tres niños se encontraban jugando con un balón ​de fútbol, algo muy común en ese espacio, y no hablo del juego ​de fútbol, sino de que siempre sean niños los que lo están ​haciendo. Los niños, ubicados en los extremos de la cancha, ​mandaban el balón de un lado para otro, obviamente con los pies. ​En ese momento, venían entrando a la cancha tres niñas. Una de ​ellas traía un balón que parecía de fútbol, pero era un poco ​liviano; se notaba por el rebote.


Cute Cartoon Students In Japanese School Uniforms
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Ellas ingresaron a la cancha para jugar con aquella pelota. Lo ​que iban a jugar, lo desconozco: si fútbol, ponchado, tal vez ​voleibol o baloncesto. No pude saberlo porque no observé por ​mucho tiempo. Cuando iban aproximadamente por la mitad de la ​cancha, uno de los niños ubicados en el extremo contrario mandó ​el balón hacia su compañero de juego, justo por el lugar por el ​que estaban pasando las niñas. La bola levantada se dirigió ​precisamente hacia una de las tres niñas. Cuando ella la vio, ​colocó sus manos en la cabeza, inclinó su cuerpo hacia adelante y ​pegó un grito, como si hubiera visto un espanto. Yo me reí y dije ​en voz alta: “¡Allí tenías que cabecearla, ome!”.


Illustration of a Stressed Woman with Sweat on Her Forehead
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Posteriormente, pensé que un acontecimiento tan ​simple como ese permite reflexionar sobre la forma en ​que somos educados y educadas, a tal punto que un ​mismo evento pueda tener una reacción diferente ​dependiendo del sexo de la persona. Si hubiera sido un ​niño el que entraba en ese momento, creo que al ver ​el balón aproximándose hacia él, lo último que haría ​sería gritar. Lo bajaría con los pies y lo devolvería, lo ​cabecearía o simplemente lo esquivaría, pero nunca ​gritaría; estoy segura de que no gritaría.

Healthy Boy Cartoon Illustration
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El fútbol se considera en nuestra sociedad un deporte ​para hombres o para niños, no porque las mujeres ​hayamos nacido con unos genes que nos hacen tenerle ​miedo a un balón de fútbol, sino por la forma en que ​la sociedad ha estipulado cómo debemos ser las ​mujeres y los hombres. Es decir, existen unas normas ​de género para hombres y para mujeres, y desde que ​nacemos nos educan para cumplir con esas normas y ​con las expectativas que se esperan de nosotr@s.

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A las mujeres nos pintan como débiles, que debemos ​ser “femeninas”, pero esa feminidad la sociedad la ​estipula como una sola, o sea, como si existiera un ​molde y todas las mujeres debiéramos caminar igual, ​vestir parecido, practicar los mismos deportes, ser ​vanidosas de la misma manera, etc. Prácticamente ​todas esas normas son algo así como una forma de ​agradarle al sexo opuesto. A los hombres les enseñan ​que deben ser fuertes, que no deben llorar, que deben ​practicar ciertos deportes de contacto, se les aprueba ​más el uso de la violencia, entre muchas otras cosas.

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Tired Young Woman Sitting on the Floor with Bended Legs Holding Head Vector Illustration

Ahora, algunos estudios de las Ciencias Sociales ​concluyen que no existe una feminidad, sino que ​existen feminidades en plural (y masculinidades), ​porque cada persona construye su género de acuerdo ​con las experiencias de su vida. No se puede esperar ​que todas las mujeres seamos uniformes, casi ​idénticas. Admitámoslo: somos únicas.

Cada mujer sobre este planeta es única y decide el ​rumbo que le va a dar a su vida, así como cuál ​profesión estudiar, cuál deporte practicar, cuál ropa ​vestir, etc.

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Clone
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Lo mismo pasa con los hombres: no todos los hombres ​deben ser o aparentar ser fuertes, ni deben gustarles ​el fútbol o los deportes, ni deben demostrar que son ​hombres comportándose de cierta manera con las ​mujeres. Nadie nace gustándole jugar fútbol, nadie ​nace teniéndole miedo a un balón. La sociedad nos ​construye. Tenemos derecho al libre desarrollo de la ​personalidad, pero nos dan una guía que debemos ​cumplir. ¿Qué sucede si nos revelamos contra esas ​normas sociales?


Illustration of a Fearful Man Shivering
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Si nos apartamos de esas normas, por ejemplo, una mujer que ​juegue fútbol, que no vista de flores, de encajes ni de ​tacones, etc., es juzgada o acusada de ser “menos mujer” o ​de “machona”.

Hay mucho para pensar sobre el género, sobre la sexualidad y ​sobre el sexo (o sea, sobre ser hombre y mujer), porque ​aunque parezca normal, aunque parezca como lo manifestó ​Bourdieu, “el orden natural de las cosas”, esta es una ​manifestación cultural, una construcción social, la cual no ​cuestionaría si no atentara contra nuestra libertad humana ​de ser lo que queramos ser.



People's Demonstration Hands