Mi primer mes en ​Porto Alegre.

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02 de abril del ​2014

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Conociendo a los gaúchos.

Un mes después de haber pisado por primera vez tierra brasileña, la tierra en la que nació mi ídolo futbolístico Ronaldinho ​Gaúcho, plasmo mis primeras impresiones sobre Porto Alegre y las personas que aquí residen. Teniendo en cuenta que es la ​primera vez que salgo de mi país, Colombia, las impresiones han sido demasiado subjetivas y yo las he percibido con mayor ​facilidad.

El primer día no quería salir de la casa en donde estaba ubicada por temor a perderme. No tenía activada la línea de celular, pues ​aquí en Brasil necesitas sacar un documento que se llama CPF (Cadastro de Pessoa Física), que es como el número personal con el ​que puedes hacer todo tipo de trámites, sacar cuentas bancarias y hasta comprar una sim card. Por ende, incomunicada, estaba ​con miedo de salir porque todavía no reconocía las calles, las direcciones y la orientación aún era confusa. Siempre estuve ​acompañada por Chris y Bruno, unas buenas personas que se encargaron de mí los primeros días. Ellos estaban pendientes de ​todo lo que necesitaba. Esa precisamente fue la primera impresión que tuve de los brasileños: amabilidad, cordialidad, empatía, ​etc. Poco a poco fui aprendiendo a conocer las calles y, por fin, una semana después iba sola al supermercado y al centro ​comercial ubicado cerca. Otra impresión apareció en el supermercado, pues cuando compraba en una tienda o supermercado, las ​personas que me atendían respondían con «obrigado/a», por lo que yo respondía «muito obrigada». Ese fue el primer cambio que ​noté: cómo así que quien te vende te da las gracias en lugar de decir «de nada», «con gusto», etc. Haciendo fila para pagar en un ​supermercado, la señora que estaba delante de mí me permitió pagar primero, pues consideró que ella tenía mucho mercado e iba ​a demorar mucho. Yo, en cambio, solo llevaba unos jugos, una leche y pan. En ese caso, otro acto de amabilidad que pude ​agradecer.

Posteriormente pude identificar que los autos andan a una velocidad mayor por las calles. Me parece que van a una muy alta ​velocidad, pero eso sí, si el semáforo cambia mientras tú estás pasando, amablemente permiten que termines de cruzar para ellos ​arrancar.




La primera vez que abordé un bus, fue curioso ver que hay una persona llamada «cobrador», quien se encarga de recibir el ​dinero, dar los «vueltos» y estar pendiente de la identidad de las personas que pagan con un carné llamado TRI, el cual ​descuenta la mitad del valor del pasaje a los estudiantes. Los trabajadores de ciertas empresas y los adultos mayores no pagan. ​Eso me pareció genial, saber que aquí nunca un adulto mayor va a decir que no pudo ir al médico porque no tenía para el pasaje. ​Ellos tienen garantizada por el Estado su movilidad. Que los estudiantes solo paguen la mitad (1.4 reales) es una forma de apoyar ​a las personas que se están educando, una opción que inmediatamente anhelé para mi país. Sin embargo, el tiempo de espera ​entre un bus y otro es de aproximadamente 15 minutos y si es domingo, el doble. Esperando un domingo un “ônibus”, pensé en las ​veces que me quejaba del Metrolínea cuando se demoraba 8 minutos en lugar de 5 y tal vez aprendí a valorar ese sistema. Eso sí, ​no se puede montar en taxi porque es demasiado costoso, tanto que la mínima puede salir a unos 10 reales (1 REAL = 860 PESOS), ​eso es más o menos 4 minutos de viaje. Por lo que todo debe hacerse en bus o ir a un lugar cerca caminando.


La comida es lo que más se extraña lejos de casa. El no tener arepa, masa de arepa, empanadas, patacones y tantas otras ​comidas. El no ver una venta de empanadas en alguna esquina, esas cositas se extrañan. La comida es muy costosa, algunas son ​más baratas, la leche es más barata y los productos de limpieza y aseo. Las gaseosas son costosas, casi el doble. En Porto Alegre ​comen churrasco, que es una carne asada, pero con el estilo único de un churrasco gaúcho. Las personas beben algo llamado ​chimarrão, que es un té que los argentinos llaman mate. Lo sorprendente es que lo beben todo el tiempo; en una mañana, en ​promedio, una persona en una oficina se ha bebido unas 5 o 6 tazas de chimarrão. Lo probé y no me gustó. Realmente, hablando ​de manera objetiva, no es rico, pero ellos están acostumbrados a tomarlo y les agrada.


Comen muchos vegetales y se come frijol casi todos los días. Cuando no se come frijol, se come lenteja. El frijol es una de las ​comidas más populares aquí en Brasil, tanto que lo pueden preparar todos los días y no pasa nada, nadie se queja, es parte de la ​tradición. Les gusta beber mucho vino, se puede observar pasillos completos en los supermercados con gran variedad de vinos.



Brazil flag of silk

Las personas son amables con los extranjeros. En la ​universidad, los profesores, la profesora Silvana, ​símbolo de humildad y de sabiduría, todas las personas ​que hacen parte de la universidad, el grupo de ​investigación CEME, la selección femenina de Fútbol Sala ​de la UFRGS, todos ellos me han tenido paciencia con el ​idioma. Porque el idioma es el mayor problema con el ​que me he enfrentado. Yo pensaba que sabía hablar ​portugués, porque saludaba, me despedía, sabía pedir ​permiso, preguntar la hora, pero realmente, cuando se ​trata de entablar una conversación, te das cuenta de ​que no sabes nada y cuando tratas de entenderles a ​ellos, te das cuenta de que de portugués ni idea. Poco a ​poco el oído se va adaptando y comienzas a entender de ​la nada lo que dicen.


Algo muy gracioso es que las personas, para que tú les entiendas, te hablan con muchos gestos, hacen que te sientas como una ​niña y te vocalizan muy bien, jejeje. Ellos son muy amables realmente. Obviamente, de todo hay en la viña del Señor, pero hasta el ​momento he encontrado personas muy amables.

Otra percepción es que hay muchos colombianos acá, todos tratamos de seguir estudiando gracias a la ayuda de un país vecino ​que considera que la educación debe ser gratuita hasta en sus más altos niveles. Es decir, ellos sí saben lo que es la palabra ​«público».

Les gusta la música samba, el pagode, el sertanejo universitario, aunque en esta región las personas son más reservadas, son más ​introvertidas. Aun así, se encuentra la alegría típica de Brasil en algunas personas.

Los equipos de fútbol son Grêmio e Internacional, por lo que los clásicos acá son jugados por estos dos equipos. Sin pelea, en un ​mismo lugar se puede observar cómo las personas apoyan a sus equipos. Eso es admirable.

Amabilidad y paciencia, esa en resumidas palabras ha sido la primera impresión de este hermoso país, Brasil.