Dígame usted, ¿qué de malo tiene que se hable tanto de fútbol por estos días aquí en Colombia? ¿Qué un niño piense en ser como James, Cuadrado, Ospina o cualquiera de nuestros exitosos jugadores?
Dígame usted si no es bonito escuchar el nombre de Colombia atado a deportistas que sobresalen en el mundo.
Dígame usted, en su pesimismo disfrazado con realidad, si no es lindo ver noticias relacionadas con triunfos y no con guerra. Dígame usted si no es hermoso ver a un niño querer salir adelante a través del esfuerzo y la dedicación, y no a través del dinero fácil por medios ilícitos y violentos.
Dígame usted, que está cansado de escuchar el nombre de James y pide que se cambie de tema, si no es bueno que los colombianos se unan en súplicas de bendición y halagos, en lugar de pelear por cuestiones ideológicas que hasta ahora nos tienen jodidos en un conflicto interminable.
Dígame usted, ¿qué hay de malo en tener como héroe a un joven abandonado a los 3 años por su padre, que tiene como ejemplo una madre que siempre lo apoyó en lo que le gustaba?
Dígame si no es bonito ver que, a pesar del marketing y del dinero que maneja el fútbol (algo esencial en nuestro mundo capitalista), existen personas que pese a todos sus triunfos siempre conservan la sencillez.
Dígame si no es bonito que se le diga colombiano a quien se destaca entre los mejores del mundo. Solo dígame usted si todo eso no es bonito.